4 feb. 2010

-difícil

la dignidad es algo de uno, no es transferible, nadie puede arrebatárnosla a no ser que le otorguemos a ese alguien más valor que a nosotros mismos y eso me temo es objetivamente imposible: una vez muertos, todos nos pudrimos o reducimos a ceniza del mismo modo. no soy buena consejera en temas de orgullo, es mi pecado mayor junto al egoismo, pero los años me han enseñado es que el tiempo nos pone a todos en nuestro sitio y que por mucho que se quieran cebar con uno, en su trabajo, en sus relaciones, en su ser, el orgullo siempre debe ser un puntal ante la debilidad pero la inteligencia debe arroparlo y dejar que la serenidad desconcierte aquellos que desean poner a prueba nuestros límites de tolerancia. hay muchas formas de ganar, de mantenerse firme e impertérrito, muchos modos de mantener intacta la dignidad y el orgullo tan ansiados por aquellos que nos atacan o nos ponen trabas. pero sólo los que somos fuertes por dentro y capaces por fuera sabemos que aún no ha nacido el que nos hiera. pase lo que pase. me gusta quien soy, como soy, lo que soy y sea lo que sea: lo que voy a ser.

2 comentarios:

  1. La confianza en uno mismo y el control como base de todos nuestros actos son vitales.

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  2. saber que valemos por cómo somos con nuestras virtudes y defectos, saber que nadie nos puede arrebatar algo tan propio como es el orgullo y la dignidad evita muchos malentendidos, muchas desgracias. la autoestima es lo que nos permite ser por encima de cualquier palabrería o acto. el poder de herirnos es algo que otorgamos a menudo equivocadamente a personas equivocadas... somos nuestros únicos y últimos jueces.

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